Solidaridad Digital. El diario de la discapacidad
Última actualización: 08/02/2010, 14:57

Cultura y ocio

¡Playa  para todos!

Beatriz Sancho / Madrid- 10/07/2008

Los casi ocho mil  kilómetros de costa, el clima y el sol convierten a España en un  imán para miles de turistas de todo el mundo. Sin embargo, las personas con discapacidad encuentran aún innumerables barreras, físicas y arquitectónicas, para acceder a buena parte del litoral. Su elenco de opciones queda esquilmado, en gran medida, a la hora acudir a una de las 3.200 playas que existen en nuestro país.

 

La playa es un espacio libre para el ocio al que todos debemos tener acceso para poder tomar el sol, pasear o bañarnos. Resulta destacable el esfuerzo que, desde los órganos de gobierno de las Comunidades Autónomas con playas, se está haciendo para acondicionar los accesos de las mismas a las necesidades de todos los usuarios. Actualmente, existen más de 300 playas accesibles en España. Sin embargo, en algunos casos, las actuaciones realizadas no contemplan todos los requisitos necesarios.

 

La accesibilidad de una playa consiste en adoptar medidas que doten al litoral español de unas condiciones de accesibilidad efectivas, para que cualquier persona discapacitada física, psíquica o sensorial disfrute de las mismas oportunidades que cualquier otro visitante. El objetivo principal que se persigue al hacer accesible una playa, tanto desde la Administración central como desde las propias corporaciones locales, es diseñar un espacio para que cualquier persona lo utilice con normalidad y en el que pueda desarrollar su vida con total autonomía.

"Al final, nuestra misión es poder integrar en condiciones de igualdad de oportunidades a todas las personas. Lógicamente, las personas con alguna discapacidad tienen el mismo derecho a solazrse que cualquier otro ciudadano sin discapacidad. No entendemos que exista una persona con una discapacidad que no pueda disfrutar de algo que sí gozan los demás", manifiesta Pedro Hidalgo, director general para personas con discapacidad de la Consejería de Bienestar Social de la Comunidad Valenciana.

 

"Las autoridades tienen que tener en cuenta que las personas con discapacidad tenemos derecho a disponer de las playas de España de la misma forma que lo hacen las personas que no tienen ninguna discapacidad. Han de entender que el turismo de las personas con discapacidad es un activo importante y valorarlo como se merece. No hay derecho a que vayamos a una playa y no nos podamos bañar normalmente", apunta Carlos Carrasco, usuario de silla de ruedas.

 

España puede ser considerada como pionera en la accesibilidad de las playas. Las primeras iniciativas que se realizaron en este ámbito se remontan al año 1996, con el proyecto denominado ‘Ayuda social al discapacitado en playas’, que presentó la Concejalía de Sanidad de la Comunidad Valenciana. El 8 de julio de 1997 comenzó la prestación del servicio. El primer punto accesible se ubicó en la playa Cabañal. La afluencia en ese primer año fue de 512 usuarios.

 

En las playas valencianas se han ido aumentando progresivamente los recursos materiales para recibir a turistas de movilidad reducida, y en 2004 el número de visitantes fue de 3.451. "Es destacable, como conclusión evidente, el beneficio económico del turismo accesible. Se observa el creciente aumento de la riqueza directa e indirecta generada por el colectivo de las personas con discapacidad", confirma Miguel Ángel García Oca, presidente de la Plataforma representativa estatal de discapacitados físicos (Predif).

La Comunidad Valenciana fue la primera que se planteó el hecho de que había que hacer accesibles las playas para personas con discapacidad. "Fuimos pioneros y aún ahora somos la comunidad que más puntos accesibles tiene en toda España. Lógicamente, disponemos de mucha costa, no podemos compararnos con otras provincias que tienen menos. En estos momentos, contamos con 76 playas adaptadas", asegura Hidalgo.

 

COMPETENCIAS

Diversas Administraciones públicas son las que tienen la competencia para acometer las obras de mejora y accesibilidad de las playas. En el caso de la Comunidad Valenciana, por ejemplo, la Consejería de Bienestar Social, a través de la Dirección General para las Personas con Discapacidad, coordina el servicio de playas accesibles en colaboración con otros organismos y administraciones como la agencia valenciana de turismo, ayuntamientos y el Ministerio de Medio Ambiente. En su caso, también cuenta con el apoyo de  la Fundación Bancaja.

 

El primer Plan de Accesibilidad en Playas se remonta a diciembre del año 2000, cuando el Ministerio de Medio Ambiente, por medio de la dirección General de Costas, organismo del que dependen nuestras playas, decidió efectuar las reformas necesarias encaminadas a garantizar la accesibilidad de las mismas a personas con movilidad reducida.

El plan estuvo vigente hasta 2004. "Cumplió su cometido y, a partir de entonces, cada actuación que se hace desde el ministerio se realiza pensando en los discapacitados. No hay un plan específico", asegura una fuente del gabinete de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. "Si hay una playa que no tiene la correcta accesibilidad llamamos a Tragsa, una empresa con la que trabajamos, para que construyan una rampa, por ejemplo, o lo que se necesite. La información de que una playa no es accesible nos llega del ayuntamiento correspondiente, de algún usuario que lo comenta en el consistorio o de nuestros propios inspectores", continúa.

 

Es importante tener en cuenta que la adaptación de las playas no sólo beneficia a las personas con discapacidad física, que frecuentemente se desplazan en silla de ruedas, o con otros tipos de ayudas técnicas como bastones o muletas. "También favorece a las personas mayores o familias con niños pequeños", advierte García Oca, presidente de Predif.

 

CONDICIONES MÍNIMAS

La adaptación de las playas debe hacerse de manera integral, garantizando la total accesibilidad de todos los espacios por los que pasa una persona al acceder o retirarse de una playa. Según el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi), para que un punto de playa se considere accesible ha de cumplir una serie de condiciones y tener unas infraestructuras mínimas.

 

Si existe una zona de aparcamiento próxima a la playa, todo punto accesible contará con plazas reservadas para el uso de personas con discapacidad. Además, se garantizará una conexión peatonal universalmente accesible de las plazas reservadas con el paseo o sendero longitudinal si lo hay y, en caso de que no exista una vía de este tipo, con las infraestructuras de acceso a la playa. Esto implicará la ejecución de los vados y otras obras que sean necesarias. "No hacemos playas accesibles sin que existan estacionamientos en los aledaños, porque sería una barbaridad que la persona con movilidad reducida dejara el coche a un kilómetro de la playa a la que tiene acceso", señala el director general para personas con discapacidad de Valencia.

Además, cuando una playa objeto de actuación disponga de paseo marítimo o sendero peatonal, la intervención comprenderá las obras necesarias para que estas zonas de tránsito cumplan con todos los requisitos exigidos a cualquier itinerario peatonal accesible en toda su longitud, y no sólo en los tramos asociados a algún punto de playa accesible. Los quioscos y servicios públicos que allí puedan instalarse deberán garantizar el acceso universal.

 

Por otro lado, el acceso a la playa desde el paseo marítimo, sendero peatonal, márgenes de la carretera, acera y aparcamiento ha de ser asequible para la generalidad de la población. Para ello, todo punto de playa que se habilite como accesible deberá contar con las infraestructuras idóneas para cada caso, incluyendo rampas para salvar diferencias de nivel, pasarelas de madera sobre pilotes (cimentación profunda) en terrenos poco coherentes o de dunas, y vados.

Asimismo, un punto de playa accesible dispondrá obligatoriamente de itinerarios sobre la playa. Estas infraestructuras apoyadas en la arena serán de tipo fijo en el tramo de playa que queda por encima de la línea de pleamar, y se completarán con itinerarios no fijos de características apropiadas para alcanzar la orilla. Cuando se justifique por razones técnicas, podrá prescindirse del itinerario no fijo, quedando así únicamente garantizado el acceso universal hasta la arena mojada.

 

Por otro lado, todo punto accesible deberá contar con vestuarios y cabinas de aseo. Como quiera que para ciertas personas con discapacidad este tipo de instalaciones resulta muy necesarias a la hora de hacer uso de la playa, no podrá calificarse de accesible un punto de playa que no disponga de aseos y vestuarios. Cuando estén situados dentro de la playa, deberán ser accesibles por un itinerario sobre la misma sin que existan diferencias bruscas de nivel en el recorrido.

"También se requieren señales informativas en formatos perceptibles para personas con discapacidades visuales o auditivas, sillas anfibias o de baño para poder circular por la arena y bañarse en el mar, así como un equipo de atención a personas de movilidad reducida, al menos, adecuadamente formado", apunta el presidente de Predif.

 

MANTENIMIENTO
"Lo más importante es que se tenga en cuenta la cadena del hecho accesible, es decir, que para que una persona con una limitación funcional pueda disfrutar de la playa, lo que se debe plantear es que se trata de todo un proceso.  Muchas veces, se rompe la cadena de accesibilidad porque el organismo competente no se plantea en reparar, por ejemplo, un embarcadero. Si lo que se rompe no se repara, esa playa deja de ser accesible", comenta Javier Charroalde, asesor de accesibilidad de Cermi.

 

Tan importante como hacer que una playa sea accesible es mantenerla como tal. En un entorno como son las playas hay mucha erosión. "He comprobado como en algunos arenales que se denominaban accesibles, al cabo de un par de años, dejan de serlo, pero siguen llamándoles así, cuando ya no lo son. La accesibilidad es una cadena muy sutil donde, si el eslabón más débil se rompe, desquebraja toda la sucesión de accesibilidad", continúa Charroalde.

"Es muy espectacular hacer la inauguración, pero lo que importa es el día a día, mantener las instalaciones. Éste es un tema en el que no se ha reparado demasiado. La conservación es vital para que la accesibilidad exista. Sería bueno que la accesibilidad programada en las playas fuera acompañada de un sistema de gestión que la revisara de vez en cuando, porque lo importante es que, con el pasar de los años, esa playa siga siendo accesible", concluye Charroalde.

 

Por tanto, el tema de la accesibilidad hay que introducirlo como un elemento más en la gestión diaria de los órganos de gobierno. El mantenimiento, la reforma o la formación también son aspectos importantes para la mejora de cualquier entorno. Teniendo en cuenta estos factores, la playa pervivirá como accesible. "Para ello se aprobó en su momento un sistema de gestión de accesibilidad a través de una norma UNE,  la 170.001, en la que se habla de la gestión de la accesibilidad. Si no se tiene en cuenta cualquier incorporación de mobiliario nuevo, la playa puede perder su accesibilidad y avanzaríamos en negativo", apunta Jesús Hernández, director de accesibilidad universal de Fundación Once.

Muchos de los procesos de limpieza utilizados no han sido pensados para preservar y cuidar los nuevos equipamientos que garantizan la accesibilidad. "Este es un aspecto que debe mejorar", comenta García. "Es cierto que la accesibilidad es una cadena. Para llegar a la playa, todos los pasos previos tienen que ser accesibles, es decir, el urbanismo, la arquitectura, el transporte… Por eso hay que trabajar no con actuaciones concretas en la playa, sino con una visión global de todos los elementos", afirma Hernández.

 

EL FUTURO
Según Predif, la situación actual de la accesibilidad de las playas es positiva, si nos comparamos con el resto de países europeos. La Bandera Azul es un distintivo que otorga anualmente la Fundación Europea de Educación Ambiental a las playas y puertos que cumplen una serie de condiciones ambientales y de instalaciones. Entre todos los criterios que contempla el distintivo Bandera Azul, están las condiciones en accesibilidad mínimas y aconsejadas para las playas. En 2007, España contaba con 499 playas; Grecia ocupaba el segundo lugar con 430, y Francia, el tercero con 238.

 

Sería bueno también, según Pedro López, responsable de formación de Fundosa Accesibilidad, que en todas las playas se enseñara a voluntarios, socorristas y expertos a atender cómo tratar a una persona con cualquier tipo de discapacidad. "Si formamos a gente en atención a personas con discapacidad, cuando llegue a la playa una persona con ceguera, sordera, silla de ruedas o con una discapacidad intelectual, sabrían cómo tratarles. Esta labor de formación mejoraría mucho la accesibilidad de las playas", sostiene López.

"No obstante, todavía quedan cosas por hacer, no sólamente en el entorno físico de la propia playa, sino también en la forma y los medios en que se presenta la información real sobre las condiciones y equipamientos de accesibilidad de las mismas a las personas con discapacidad. Debido a la frecuente carencia de accesibilidad de los entornos, la planificación del viaje es crucial para el turista con discapacidad. Para ello necesita contar con información verdadera y pertinente en el momento de seleccionar un destino, un hotel o un transporte", asegura García.

 

Y es que la playa es únicamente uno de los entornos que un turista utiliza durante las vacaciones. El que una playa accesible disponga además de transporte público adaptado para llegar a la misma y cuente en sus cercanías con otros servicios tales como hoteles, restaurantes, balnearios, y recursos lúdicos adaptados para personas con movilidad reducida, la convierte, obviamente, en una playa más accesible. Pero, "es importante siempre tener en cuenta que una persona con discapacidad que viaja es, ante todo, un turista", continúa el presidente de Predif.

"Veo que las cosas van mejorando y que cada vez puedo ir a más playas a bañarme de una forma más autónoma, más digna. No obstante para ello, es cierto que necesito de la ayuda de voluntarios", atestigua Carrasco. "Pero aún queda mucho por hacer. Es irrisorio que haya más de trescientas playas accesibles en España, respecto a las 3.200 que se esparcen por nuestro litoral. También es injusto que si me quiero ir a Ibiza de vacaciones, un lugar tan turístico, sólo pueda acceder a dos playas contadas. Agradezco todo lo que se está haciendo a favor de las personas con discapacidad, es un trabajo loable. Pero, en fin, aún nos falta mucho para que la igualdad de oportunidades entre las personas sea un hecho real", opina Carrasco.

 

En la ‘Guía de playas accesibles’ que ha elaborado Discapnet, el lector podrá encontrar información sobre nuevos puntos y playas que han incluido servicios de atención a personas con discapacidad permitiendo así que sean accesibles para todos los usuarios. La información está recogida por comunidades autónomas en:

www.discapnet.es/Discapnet/Castellano/Actualidad/Especiales/guia_playas_accesibles_2008.htm.

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